Moyanismo vuelve a la calle para armarle fuerza militante a Alberto Fernández

Una nueva caravana, como la del Día de la Lealtad, prepara el Fresimona, que orienta el camionero con protagonismo de mecánicos, colectiveros y taxistas.

Un mes después de la caravana por el Día de la Lealtad peronista, el sector sindical que orienta Hugo Moyano volverá a las calles la semana que viene para mostrarse como sostén militante del Gobierno con capacidad de movilización y contracara de las acciones de protesta que impulsa el ala más radicalizada de Juntos por el Cambio. Será una nueva marcha a bordo de vehículos que realizará el Frente Sindical por el Modelo Nacional (Fresimona) el martes 17 con la excusa de conmemorarse el Día del Militante.

Para entonces el camionero espera ser una vez más el catalizador de sindicatos no alineados con la actual conducción de la CGT y de movimientos sociales que orbitan alrededor del Frente de Todos para montar una nueva caravana de apoyo a Alberto Fernández. Y también, erigirse como la respuesta oficialista más contundente a la marcha opositora del 8-N. Como el 17 de octubre, los ejes sobre los que Moyano espera montar la acción serán de nuevo los camioneros de su gremio, los colectivos del ala disidente de la Unión Tranviarios Automotor (UTA) y los taxistas recién incorporados al Fresimona.

La decisión de avanzar en una segunda movilización oficialista desde que arrancó la pandemia partió de los buenos resultados que los organizadores percibieron en la del Día de la Lealtad. Cerca de Hugo y Pablo Moyano, los artífices de esa convocatoria, se atribuyen la señal de largada para la caravana que aquel día arrancó por la mañana pero se extendió toda la tarde, alrededor de la Plaza de Mayo, cuando el acto sindical ya había terminado hacía varias horas y las calles sólo eran ocupadas por vehículos particulares con militantes del Frente de Todos.

El miércoles el espacio moyanista realizará desde las 11 un encuentro virtual por la aplicación Zoom para afinar detalles de la nueva convocatoria, planificada inicialmente como marcha hacia la Plaza de Mayo. Se trata del mismo destino de la movilización del 17 de octubre, que arrancó en Avenida Belgrano y que complementó con folclore peronista el acto central que ese día había montado la CGT por la tarde con la presencia de Alberto Fernández y con un artificio digital que no llegó a cumplir su objetivo de escenificar la presencia física de manifestantes.

La vía pública es el terreno que mejor les sienta a los Moyano para mostrar que todavía gozan de una cuota considerable de poder de convocatoria, incluso más allá de los gremios más próximos (camioneros, aeronavegantes, personal de peajes, marítimos del SOMU, Vialidad, canillitas) y de los que cuentan con logística propia y que le responden, como los mecánicos del Smata, los taxistas de Jorge García (reemplazante del jubilado Omar Viviani) y los colectiveros que reportan a Miguel Bustinduy. Es que el exjefe de la CGT tiene sus propias conexiones con movimientos sociales (que también coquetean con la conducción actual de la central obrera) a través de sectores de la Iglesia católica que alimentan ese lazo.

El nuevo llamado de los camioneros a sus aliados será también una acción dirigida a la interna de la CGT. Con el aflojamiento de las restricciones y un horizonte más definido de arribo a la Argentina de una vacuna se reanudó la cuenta regresiva para la finalización del mandato de la actual jefatura, en cabeza del binomio de Héctor Daer y Carlos Acuña. Esa conducción, que en lo estructural representa la supervivencia -nada sencilla- de una alianza entre los “gordos” de los grandes gremios de servicios y el gastronómico Luis Barrionuevo, sostenes de Daer y Acuña, respectivamente, formalmente llegó a su conclusión el 22 de agosto pero extendió su vida útil al menos hasta el primer cuatrimestre de 2021 por la prolongación de los plazos administrativo que generó la pandemia.

El énfasis en la gestualidad fue siempre una característica saliente del sindicalismo argentino y la asunción de Alberto Fernández sólo la exacerbó. Es que el Presidente, fiel a su estilo dialoguista y contemporizador, actuó desde el arranque como un equilibrista que sólo se mostraba con dirigentes de un sector si a continuación podía hacerlo con sus rivales internos. A una reunión con la cúpula de la CGT siempre le sucedió otra con la CTA de los Trabajadores, y un almuerzo con Moyano en general tuvo como respuesta, a los pocos días, un encuentro con la “mesa chica” de la central mayoritaria.

A esa voluntad salomónica los componentes los mayores rivales de la interna de la CGT, los “gordos” y Moyano, sólo atinaron a responderle hasta ahora con gestos de respaldo en lo posible grandilocuentes, como se pudo constatar el 17 de octubre con las muestras en Azopardo 802 y en las calles, respectivamente. Y todo indica que esas exhibiciones de plumaje continuarán al menos hasta la concreción de un congreso de renovación de autoridades en la central sindical.

Fuente: Ámbito Financiero




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