Coronavirus: en las villas porteñas hay un 42% de inmunidad y la curva de contagios está estable

Allí fue donde primero golpeó el virus, el año pasado. Ahora los casos no aumentan al mismo ritmo que en el resto de la Ciudad. Pero hay alerta por el riesgo de que se vuelvan a disparar.
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La Villa 31. Los barrios vulnerables fueron los más afectados por la pandemia entre abril y mayo. Ahora los casos están estabilizados, a diferencia de lo que ocurre en el resto de la Ciudad. Foto Mario Quinteros

La curva de contagios de coronavirus continúa en ascenso en la Ciudad. Hace un mes había un promedio de 350 casos diarios y ahora superan los 1.000, con picos de más de 1.400. Aunque lejos aún de los valores registrados durante agosto, cuando hubo hasta 1.500 contagios por día, la cifra pone en alerta a todos. En ese mes se ubicó el pico de casos de la que se considera la primera ola de contagios. En las villas porteñas, el pico fue antes: entre mayo y junio. Por el contrario, hasta ahora la situación en los barrios populares es más estable que en otras partes de la Ciudad. Pero esto podría cambiar.

Las autoridades sanitarias locales aún no confirmaron que Capital esté transitando una segunda ola, pero los próximos días darán un panorama al respecto. Según la información oficial, en estos días la mayor concentración de casos se da en las Comunas 2 y 14, que corresponden a los barrios de Recoleta y Palermo.

¿Qué sucede ahora en los barrios populares de la Ciudad, en donde el virus pegó fuerte a partir de abril de 2019? La curva se encuentra estable. Se reportan 10 o 15 casos por día. La letalidad es del 1,6%, la mitad que en el resto de los barrios, en donde trepa al 3,3%. Hasta el momento, hubo 17.893 casos positivos (16.624 recuperados) y 287 fallecidos, cuando en toda la Ciudad hay más de 187.000 casos acumulados y casi 6.000 muertos.

En las villas se registran entre 10 y 15 casos diarios de coronavirus. Foto Mario Quinteros
En las villas se registran entre 10 y 15 casos diarios de coronavirus. Foto Mario Quinteros

En diálogo con Clarín, Gabriel Battistella, subsecretario de Atención Primaria, Ambulatoria y Comunitaria y a cargo del programa DetectAr en la Ciudad, estimó en base a los estudios de seroprevalencia realizados: "El 42% de los vecinos de barrios populares están inmunizados, mientras que en barrios como Palermo o Recoleta, sólo el 3% lo está. Esto explica en parte por qué en las villas se registra una estabilización. Esto no significa que no haya que seguir con los cuidados y con la política de rastreo, detección y aislamiento". A nivel de toda la Ciudad, se estima que entre el 14 y el 15% de la población desarrolló anticuerpos.

Junto a las villas 31 y la 21.24, la 1.11.14 es uno de los asentamientos más grandes de la Ciudad. Aquí, en el barrio de Flores, los vecinos manifiestan sus preocupaciones porque los cuidados se relajaron. Rocío Mazuelos Huaman está al frente de un comedor junto al padre Juan Isasmendi, de la iglesia Madre del Pueblo. Ella y toda su familia atravesaron la enfermedad en diferentes momentos del año pasado. Su hija, que es enfermera, fue la primera en contraer el virus.

En el barrio, que en 2019 fue rebautizado Padre Ricciardelli por una ley votada en la Legislatura porteña, muchas familias pasaron por la misma situación. Algunas fueron aisladas en hoteles.

En la villa 1.11.14 hubo muchos contagiados. Ahora la situación está estable, pero los vecinos temen un rebrote. Foto Fernando de la Orden
En la villa 1.11.14 hubo muchos contagiados. Ahora la situación está estable, pero los vecinos temen un rebrote. Foto Fernando de la Orden

"La pasamos mal. Mi mamá, de 70 años, estuvo internada 21 días. Sobrinos, hermanos, hijos. Todos enfermos. Ahora, que se habla de esta segunda ola, hay mucha preocupación entre los vecinos, pero también mucho desinterés en otros. Como sucede en todos lados, acá también hay fiestas clandestinas y los más jóvenes se juntan en los pocos espacios públicos que tenemos, como si fuera un boliche", cuenta Rocío, preocupada. En este barrio hubo hasta ahora 101 muertos y 5.545 contagios.

Martín Hojman, médico infectólogo del Hospital Rivadavia y miembro de la Sociedad Argentina de Infectología (SADI), le dijo a Clarín que la inmunización del 42% de los vecinos en barrios populares explica una parte de la coyuntura: "Es un porcentaje muy amplio si comparamos con la inmunización en el resto de la Ciudad. Y es quizás el factor más importante para que no se registre ahora mismo una suba de casos. Pero es una cuestión de tiempo para que los casos aumenten, porque hay que tener en cuenta que las condiciones habitacionales, el distanciamiento y algunas medidas sanitarias son de dificil cumplimiento", aportó.

En las antípodas está la villa Rodrigo Bueno, con una población que no supera las 1.000 familias. El barrio se encuentra en pleno proceso de transformación, debido a las obras de urbanización. Los trabajos estuvieron paralizados durante unos meses y poco a poco se retomaron, así como también las mudanzas de las familias a las nuevas viviendas, ubicadas junto a lo que se conoce como macizo histórico.

La canchita de fútbol del barrio Rodrigo Bueno. Foto Lucía Merle
La canchita de fútbol del barrio Rodrigo Bueno. Foto Lucía Merle

"Hay preocupación porque la gente mayor lleva muchos años habitando viviendas insalubres, es decir que de base tienen complicaciones de salud. No sé si los barrios populares se bancan una segunda ola, por eso estamos muy alerta. Reforzamos el mensaje sobre los cuidados, el uso del barbijo, el distanciamiento social y juntarse al aire libre", le cuenta a Clarín Diego González, uno de los delegados del barrio y organizador de una escuelita de fútbol, en la que este año tuvo que sumar un merendero.

"La vacuna trajo esperanza, ahora hay que tener paciencia. Después del personal de salud, policías y maestros, creemos que los vecinos de los barrios populares tienen que ser tenidos en cuenta como grupo de riesgo. Mientras tanto, le ponemos el hombro a la situación", dice González.

En el barrio había un camión del programa DetectAr instalado todos los días, ahora está de lunes a viernes. Para los vecinos es una norma: "Ante la mínima sospecha, saben que hay que buscar el puesto sanitario. No queda otra que estar alerta, hisoparse y aislarse", advierte el delegado. En este barrio no hubo muertos, pero sí contagios: 257.

"Si bien hay una estabilidad en los barrios populares, estamos alertas -subraya Battistella-. Esta pandemia fue afectando a diferentes grupos, en diferentes fases. La primera ola afectó a personas y familias que habitaban en inquilinatos, viviendas colectivas, villas y hoteles; y a los adultos mayores, en los geriátricos. Ahora la forma sociológica de esta nueva escalada de casos se ubica entre los vecinos de clases media y media alta. Y a nivel etario, entre adolescentes y adultos jóvenes de 20 a 40 años. Por eso el aumento de casos no se ve reflejado en las internaciones, menos aún en el sistema público". Los próximos días serán clave para entender como impactan los positivos de estos jóvenes en su entorno.

Pasaron casi 9 meses desde que se detectó el primer caso en la villa 31 de Retiro. Hasta el momento, según fuentes oficiales, hubo 47 muertos y 2.348 casos confirmados. Y aquí, como en el resto de la Ciudad, muchos vecinos aflojaron con los cuidados.

"Hubo familias enteras que se contagiaron, que no la pasaron nada bien. El apiñamiento de las viviendas nos jugó una mala pasada", cuenta Mirta Rodríguez, vecina histórica del bajo autopista.

En plena cuarentena, ella y su familia se mudaron a las nuevas viviendas, que se encuentran junto al Ministerio de Educación. Ese proceso de relocalización continúa, porque con el coronavirus quedó en evidencia, más que nunca, que las condiciones habitacionales eran insostenibles. "En estos días uno escucha más y más casos. Se habla de una segunda ola y acá muchos estamos preocupados, no todos porque también hay quienes bajaron los brazos y ya no aguantan más. Lo único que nos queda es seguir alertas y tratar de llamar la atención del Estado para que también controle lo que pasa en nuestros barrios", reclama la vecina.

Fuente: Clarín




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